In Memorian a mi padre Riccardo Tommaso, siempre presente

MIS 50 AÑOS DE MEDICO
Breve síntesis de lo hecho
Plurimmam Salutem quo circa Passio habeo

Fué un 27 de Agosto de 1955 en una mañana de un día sábado como hoy, en que ingresé a las 10 de la mañana en el Hospital Durand, estudiante de Medicina y dí mi última materia, que fué Dermatología y salí de esa sala del servicio ya médico.
Me encontré de repente frente al profesor Jonquieres discípulo del titular profesor Mazzini. No me acuerdo bien que me tomó, pero era tal mi estado emotivo de sentirme ya médico que éstos recuerdos imborrables, los evoco siempre y aún así no me permiten precisar los detalles del acto, por lo cual me disculpo en este relato.
Un largo devenir de hechos de toda clase me esperaba, sucediéndose unos con otros fueron pasando 5 años de completa dedicación a la Neuropsiquiatría. Ya adscripto en la cátedra titular iba camino a ser libre docente o “Venia Docendi” y dicté innumerables cursos entre 1961 y 1966 y seguramente, algunos médicos hoy egresados de esos años, me recordarán. Lo que si puedo decir es que esa época la viví a pleno romanticismo e iba al Hospital en una Jaguar deportiva XK120 y recuerdo siempre que el portero de la entrada del Hospital Alvear cuando hacía mi ingreso me gritaba: “comprate un auto, pintón...”
Después de fundar una Clínica Neuropsiquiátrica (que la llamè “Wiener Kleinische”) y bregar quijotescamente con los avatares del ejercicio de la profesión, llegó un día en que las sazón de las cosas me puso en el camino un ser muy notable, hoy fallecido, con el cual fundé un instituto de neurogeriatría y transcurrieron años prolíficos, porque esbocé una investigación neuropatológica basado en cortes seriados de cerebro afectados por proceso de envejecimiento, que ya desde 1961 estaba en mi intención de un largo proyecto de laboratorio que nunca logré, a pesar de tantos esfuerzos concretar, para llegar a ser algo similar o por lo menos asemejarse a la Escuela de Neuropatología de München que me formó a través de sus maestros y como anécdota tengo que agregar que cuando se lo conté al profesor Outes, Neuropatólogo del Borda, me felicitó, me dijo: “que lindo camino tomó su orientación en la materia, siga así que va muy bien” (1974) orientado por la escuela de von Kleist (Deutschland).
Luego viene un decenio que comprende largos y fatigosos viajes por Europa, que aquí no es el caso elencarlos por razones de brevedad, pero que completaron una importante visión de mi especialidad. No puedo olvidar un recuerdo que tengo del Ospedale La Galliera di Génova, en el cual el profesor Brusa me dio acceso al “DeutschesMedizinichesWochenschrift” que me fué de incomparable ayuda y en ese momento tenía casi 100 años de antigüedad con el archivo de todos los números publicados y conservados prolijamente y también la cálida acogida que tuve en su servicio y otros dos recuerdos importantes: en el servicio de neurologìa Castigne de la Salpeltiere de Parìs me mostraron la microscopìa electrònica en un Toshiba de la esclerosis en placa y el otro corresponde al paso por la Universidad Jaghelliana, donde me sentè en el mismo lugar donde se sentò el cèlebre Copèrnico en Polonia .
Posteriormente en el curso de mi existencia como médico siguió una larga praxis, no podría ni yo mismo decir cuantos pacientes he atendido en estos 50 años, pero de lo que estoy seguro es que largamente he pasado los 40.000, lo cual constituye una cifra no tan frecuente en la praxis de un médico. Con respecto a los trabajos científicos de mi obra de investigación, los he reunido en un archivo específico, son innumerables y contienen 3 tesis que versan sobre diferentes temáticas y en especial la tesis capitana que versa sobre las Neurosis con una teoría patogenética propia.
Aparte logré distinciones que pueden verse en el sitio www.fundacer.com.ar porque también he hecho una Fundación Científica en 1995 de neto perfil filantrópico y de investigación médica. Me comporté lejos de las ambiciones materiales, nunca claudiqué en mi profunda fé en Dios, al cual estoy profundamente agradecido, mis dos hijos Neurólogos, Diploma de Honor de ésta Universidad de Buenos Aires, y uno de ellos Adriano Valerio fué a Suecia a un congreso médico internacional y luego a Copenhague y tuvo oportunidad de comprobar que lo que yo le había contado sobre el nivel de la medicina era veraz. Por lo tanto puedo dejar cuando me retire de la medicina por lo menos estos dos seguidores.
Me considero ciudadano del mundo, aunque soy italiano y en éstos últimos años de reflexión y de hacer mis memorias se agregó a mi ser un legado de un paciente al cual atendí filantrópicamente en sus últimos años y que me premió legándome su título de nobleza familiar que pertenecía a un castillo de Brandeburgo. De lo cual estoy muy agradecido, aunque no agregue ni mas ni menos a aquello que con mi trabajo y esfuerzo conquisté, igual me siento socialmente elevado, porque de aquel origen humilde de mi bisabuelo, friulano de adopción, (él había nacido en Milán) y de una familia industrial del “UnterÖsterreich” que bajó de Austria al Friuli en 1820 a Flaiban, desciendo yo y los avatares de la vida me condujeron con mi trabajo y esfuerzo a escalar situaciones sociales que nunca imaginé poseer.
Con esto doy término a una breve y suscinta descripción de lo mas importante que tuvo mi existencia de médico que en estos 50 años cumplidos, festejo. Lo único que deseo es no perder mi estado de gracia con el supremo Creador, que así sea y que siempre me acompañe el afecto de mis pacientes en mi praxis médica y por último como dice en su Robinson Crusoe, Daniel De Foe, “me estoy preparando para el más largo viaje de todos los que he hecho. 27-8-2005

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